Nutrition

June is my land in time, my dearest season, the kindest of lights to my heart.

This is an odd June, however. The first in three that I spend far from Israel – my reason for wistfulness. A late spring is keeping me coughing and sneezing long out of date, draining my energy. And, then, there is the weariness of worrying about indispensable things, which barely leaves room for that sacred space so much yearned for.

I am not quite myself in my land this year. So I am bound to nurture both – and I do it with poetry. That of my teachers, which hangs on the stage like ripen fruit to be grabbed and savoured. That of my companions, which grows from notebooks and screens with delicious boldness. And, of course, that of the ones who know the source of all strength.

Just yesterday I read these lines on a letter by Emily Dickinson: “I found a bird, this morning, down – down – on a little bush at the foot of the garden, and wherefore sing, I said, since nobody hears? One sob in the throat, one flutter of my bosom – ‘My business is to sing’ – and away she rose. How do I know but cherubim, once, themselves, as patient, listened and applauded her unnoticed hymn?”.


Nutrición

Junio es mi tierra en el tiempo, mi estación más querida, la luz más amable para mi corazón.

Éste, no obstante, está siendo un Junio extraño. Es el primero de tres que paso lejos de Israel – mi razón para la nostalgia. La remisa primavera me tiene tosiendo y estornudando fuera de fecha y drena en vano mi energía. Y luego está la árida preocupación por cosas indispensables, que apenas deja lugar para ese espacio sagrado que tanto preciso.

No soy enteramente yo misma en mi tierra este año. De modo que estoy obligada a nutrirnos a ambas – y lo hago con poesía. La de mis maestros, que pende sobre los escenarios como fruta madura para tomar y saborear. La de mis compañeros que crece en cuadernos y pantallas con deliciosa audacia. Y, por supuesto, la de aquellos que conocen el origen de toda fortaleza.

Justo ayer leí estas líneas en una carta de Emily Dickinson: “Encontré un pájaro esta mañana – abajo – abajo – sobre un pequeño arbusto al pie del jardín, ¿y por qué cantas, dije, puesto que nadie oye? Un sollozo en la garganta, una palpitación en el pecho – “Mi tarea es cantar” – ¡y alzó el vuelo! ¿Cómo sé yo si los querubines, ellos mismos tan pacientes, no escucharon y aplaudieron su ignorado himno alguna vez?”.

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