Faith

I wish these words were music,
not just any music,
but the music this man listened to in his shattered bedroom
that very morning,
or maybe every morning while the next bombs lagged behind,
the music that swirled off his ancient record-player
(never mind if it actually played or was just on his mind)
filling the white-dusted air, scaling to the broken moulded ceiling,
flying out of the unframed windows to the ever-creeping labyrinth of streets,
flooding the silent sockets of less fortunate dwellings,
resonating in the sacred vacuum of Alepo.
I wish these words were music,
the music that he used to bring back all the roses,
his wife’s smell on the sheets,
the chattering of sparrows,
the shades of the acacias,
the squealing of the tram,
the calling of the prayer,
the full and glowing bodies of the living,
the blessing of a universe of souls.
Let me at least offer this poem
to honour his faith to reach for beauty through the nightmare,
to thank for the love that he knew how to do.


Fe

Ojalá estas palabras fueran música,
mas no una música cualquiera,
sino la que este hombre escuchó entre las ruinas de su dormitorio
esa misma mañana,
o quizás todas las mañanas mientras las próximas bombas se demoraban,
la música que brotó de su antiguo tocadiscos
(no importa que tocara en realidad o sólo en su recuerdo)
llenando el blanco aire polvoriento, elevándose hasta las quebradas molduras,
volcándose por las descabaladas ventanas hacia el creciente laberinto de calles,
inundando las cuencas silenciosas de hogares más aciagos,
resonando en el sagrado vacío de Alepo.
Ojalá estas palabras fueran música,
la música que él uso para traer de vuelta las rosas,
el olor de su mujer sobre las sábanas,
la cháchara de los gorriones,
la sombra de las acacias,
el chirrido del tranvía,
la llamada a la oración,
el redondo resplandor del cuerpo de los vivos,
la bendición de un universo de almas.
Dejadme que al menos ofrezca este poema
para honrar su fe en alcanzar la belleza en medio del infierno,
para dar gracias por el amor que él aún supo hacer.

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Nutrition

June is my land in time, my dearest season, the kindest of lights to my heart.

This is an odd June, however. The first in three that I spend far from Israel – my reason for wistfulness. A late spring is keeping me coughing and sneezing long out of date, draining my energy. And, then, there is the weariness of worrying about indispensable things, which barely leaves room for that sacred space so much yearned for.

I am not quite myself in my land this year. So I am bound to nurture both – and I do it with poetry. That of my teachers, which hangs on the stage like ripen fruit to be grabbed and savoured. That of my companions, which grows from notebooks and screens with delicious boldness. And, of course, that of the ones who know the source of all strength.

Just yesterday I read these lines on a letter by Emily Dickinson: “I found a bird, this morning, down – down – on a little bush at the foot of the garden, and wherefore sing, I said, since nobody hears? One sob in the throat, one flutter of my bosom – ‘My business is to sing’ – and away she rose. How do I know but cherubim, once, themselves, as patient, listened and applauded her unnoticed hymn?”.


Nutrición

Junio es mi tierra en el tiempo, mi estación más querida, la luz más amable para mi corazón.

Éste, no obstante, está siendo un Junio extraño. Es el primero de tres que paso lejos de Israel – mi razón para la nostalgia. La remisa primavera me tiene tosiendo y estornudando fuera de fecha y drena en vano mi energía. Y luego está la árida preocupación por cosas indispensables, que apenas deja lugar para ese espacio sagrado que tanto preciso.

No soy enteramente yo misma en mi tierra este año. De modo que estoy obligada a nutrirnos a ambas – y lo hago con poesía. La de mis maestros, que pende sobre los escenarios como fruta madura para tomar y saborear. La de mis compañeros que crece en cuadernos y pantallas con deliciosa audacia. Y, por supuesto, la de aquellos que conocen el origen de toda fortaleza.

Justo ayer leí estas líneas en una carta de Emily Dickinson: “Encontré un pájaro esta mañana – abajo – abajo – sobre un pequeño arbusto al pie del jardín, ¿y por qué cantas, dije, puesto que nadie oye? Un sollozo en la garganta, una palpitación en el pecho – “Mi tarea es cantar” – ¡y alzó el vuelo! ¿Cómo sé yo si los querubines, ellos mismos tan pacientes, no escucharon y aplaudieron su ignorado himno alguna vez?”.

In good company

Sometimes, when I am in the midst of work, in this quiet northern region where I have come to put the material for the project in order, things get suddenly blurry.

The pieces don’t fit anymore, the words lack sense, the images seem hopelessly clumsy. I am weary, I lose direction. Too many hours inside the sea can definitely lead to bewilderment.

For a moment, I feel helpless: the work is too demanding or I am just not made for it.

But then I stop and breathe and think of my companions. All those brave women and men who are right now in their studios and workshops industriously opening a space for their hearts through their music, paintings, poems, dance, ideas, plays, sculptures, photographs, scripts, designs… They also stumble and lose patience and want to give up now and then, but most of the time they persevere. They do it because otherwise their hearts wouldn’t live and because what they bring in them is indeed for all of us.

I take comfort in knowing they are out there. And when I am particularly dismayed, I reach out to them. Soon their voices reply from afar, a message arrives, the phone rings. Going back to work afterwards feels like it truly is: a gift and an honour.


En buena compañía

A veces, cuando estoy en mitad del trabajo, en esta apacible región del norte adonde he venido a ordenar el material para el proyecto, todo se vuelve repentinamente borroso.

Las piezas ya no encajan, las palabras carecen de sentido, las imágenes resultan irremediablemente torpes. Estoy cansada, pierdo la orientación. Demasiadas horas bajo el mar pueden ciertamente causar aturdimiento.

Por un momento, me siento incapaz: el trabajo es demasiado exigente o quizás yo no estoy hecha para él.

Pero entonces me paro, respiro y pienso en mis compañeros. Todas esas mujeres y hombres valientes que están ahora mismo en sus talleres y estudios abriendo laboriosamente un espacio para su corazón a través de su música, sus pinturas, sus poemas, su danza, sus ideas, sus obras de teatro, sus esculturas, sus fotografías, sus guiones, sus diseños… Ellos también tropiezan y pierden la paciencia y quieren abandonar de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo perseveran. Lo hacen porque de otra manera sus corazones no podrían vivir y porque lo que traen en ellos es en realidad para todos.

Me reconforta saber que están ahí. Y cuando me siento especialmente abatida, los invoco. Enseguida sus voces comienzan a responder desde lejos, llega un mensaje, suena el teléfono. Después retomo el trabajo como lo que de verdad es: un honor y un regalo.

To create

Yet another morning I take my notebooks and my computer and I enter the sea.

I come close to the water’s edge and I linger a bit. No matter how calm and bright and inviting the sea may look, walking into it always makes me shiver: I know how deep it can get.

Some days I feel courageous and, after pondering it a few seconds, I simply dive into the next wave.

A couple of times the excitement was so great that I ran straight into the water, splashing all over and scaring all surrounding creatures away.

But most mornings I slowly let myself be cradled into it while blinking at the sky and the seagulls and the distant boats and ships, pretending not to notice, until suddenly I am fully submerged. And then I do what I learnt when, being a child, I trained myself to breathe under water: I relax my body and do nothing but look around with curiosity and amazement.

Soon the water doesn’t feel cold anymore and the growing darkness becomes a reign of wonder and there is no trace left of the fear of sea monsters and my lungs seem to be filled with continents of air. I sometimes swim, but mostly just float among the fish and the algae and rejoice for being immersed in beauty.

There are days that, when I finally rise back to the surface, I find new sentences scribbled on my notebooks or unexpected images on my computer screen or a tiny seahorse tangled up in my curls.


Para crear

Una mañana más cojo mis cuadernos y mi ordenador y entro en el mar.

Me acerco a la orilla y vacilo un poco. No importa lo en calma, transparente y tentador que parezca, antes de zambullirme en el mar siempre me estremezco: sé cuán hondo puede llegar a ser.

Algunos días me siento valiente y, después de considerarlo unos segundos, me lanzo de cabeza a la siguiente ola.

Un par de veces la emoción era tan grande que corrí directa hasta el agua, salpicando a diestro y siniestro y espantando a todas las criaturas que pudiera haber alrededor.

La mayoría de las mañanas simplemente me dejo acunar por él, mientras miro como distraída al cielo y a las gaviotas y a las barcas y buques distantes, simulando no darme cuenta, hasta que de pronto me encuentro sumergida por completo. Y entonces hago lo que aprendí cuando, siendo una niña, me entrené para poder respirar bajo el agua: relajo el cuerpo y me limito a observar en torno a mí con curiosidad y asombro.

Pronto dejo de sentir el frío del agua y la oscuridad creciente se convierte en un territorio mágico y no queda ni rastro del miedo a los monstruos marinos y mis pulmones parecen albergar continentes de oxígeno. A veces nado, pero la mayor parte del tiempo sólo floto entre las algas y los peces y gozo del placer de estar inmersa en belleza.

Hay días en los que, cuando finalmente emerjo de vuelta a la superficie, encuentro frases nuevas garabateadas en los cuadernos o imágenes inesperadas en la pantalla del ordenador o un diminuto hipocampo enredado entre mis rizos.

On the table

Journals, diaries, dozens of pages covered with blue cramped handwriting.

Datebooks filled with telephone numbers, email addresses, bus and train schedules, quotes and references, shopping lists.

Pictures and drawings, mostly unfinished. Underlined excerpts in books.

Calendars, photocopies, articles, maps, chronograms, notes.

Voice recordings to capture fleeting thoughts.

A series of ten beautiful interviews.

I better roll my sleeves up. It is time to work.


Sobre la mesa

Cuadernos, diarios, decenas de páginas cubiertas con prolija tinta azul.

Agendas llenas de números de teléfono, direcciones de correo, horarios de autobuses y trenes, citas y referencias, listas de la compra.

Imágenes y dibujos, la mayor parte sin terminar. Párrafos subrayados de libros por releer.

Calendarios, fotocopias, artículos, mapas, cronogramas, apuntes.

Grabaciones de voz para capturar pensamientos fugaces.

Una serie de diez hermosas entrevistas.

Mejor que me remangue. Es hora de trabajar.

Muna

This is where Muna sat during our interview on Friday morning.

It is neither the apartment she has just moved in, nor her family’s house, but a very special room that Naomi lovingly offered us for the occasion.

On Friday, Muna sat on this white armchair and Yael said: “She is like a flower”. She was right: the same beauty and the same truth, revealing itself petal after petal.

With each answer, Muna’s naked heart spoke. Later she apologized, unaware that each word she pronounced and each star that dropped from her eyes were a reminder to the world of what it means to fully feel who we really are.

There was a fresh rose in a glass on the little table by her seat. Naomi and her youngest daughter had carefully picked it from their garden early in the morning. It is not in the picture because Muna took it home. It was hers.


Muna

Aquí es donde se sentó Muna el viernes por la mañana durante nuestra entrevista.

No es el apartamento al que se acaba de mudar, ni la casa de su familia, sino una habitación muy especial que Naomi nos ofreció con amor para la ocasión.

El viernes, Muna se sentó en esta butaca blanca y Yael dijo: “Es como una flor”. Tenía razón: la misma belleza y la misma verdad, revelándose pétalo a pétalo.

Con cada respuesta de Muna, habló su corazón desnudo. Más tarde ella pidió disculpas, sin ser consciente de que cada palabra que pronunció y cada estrella que brotó de sus ojos eran un recordatorio para el mundo de lo que significa sentir plenamente quiénes somos en realidad.

Había un vaso con una rosa fresca sobre la mesita junto a su asiento. Naomi y su hija pequeña la habían escogido con cuidado de su jardín esa mañana temprano. No aparece en la imagen porque Muna se la llevó consigo a casa. Era suya.