Rekindling old words

Last week, while writing a brief note for Suheil’s forty-days memorial service, I came across some words he said on an interview held with author Victor Perera in 1973, which can be read on Perera’s book “The Cross and the Pear Tree”.

Those words have been on my mind since then. My first impulse was to share them on this blog, but then I got afraid they would be misinterpreted or would offend someone. Forty-three years and an incredible amount of pain have passed since they were pronounced. There are terms among them that have a different weight now, there is a political dimension to them that allows for a long, delicate and probably fruitless discussion.

But as far as this project is concerned, I feel that the bottom line of Suheil’s words remains as valid and true as it always was. And not only for the land he talks about, but for everywhere else in the world.

So let me quote what a Christian Arab who lived in Israel said to a Jewish Guatemalan at a café long ago:

“The fact is that the Holy Land cannot be owned. It does not belong to anybody. It rejects all territorial claims based on the Torah, the New Testament or the Koran. This can never be a Palestinian state or a Christian state any more than it can be a Zionist state. These rocks are only for those who can love Jerusalem without the desire to possess her.”

Nothing in this world is ours but the love that we do. And, in reality, not even this: for we are that love (or the lack of it), we don’t own it.

Reavivando viejas palabras

La semana pasada, mientras escribía una nota breve para el funeral de Suheil, encontré unas palabras suyas en una entrevista que le hizo el escritor Victor Perera en 1973 y que aparece reproducida en el libro de Perera “The Cross and the Pear Tree” (“La cruz y el peral”).

Desde entonces tengo esas palabras muy presentes. Mi primer impulso fue compartirlas en este blog, pero luego temí que pudieran ser malinterpretadas o que ofendieran a alguien. Han pasado cuarenta y tres años y una cantidad increíble de dolor desde que fueron pronunciadas. Entre ellas hay términos que ahora tienen un peso diferente. Poseen una dimensión política que daría fácilmente lugar a una larga, delicada y probablemente estéril discusión.

Pero en lo que concierne a este proyecto, siento que la conclusión a la que llega Suheil sigue siendo tan válida y cierta como siempre lo fue. Y no sólo para la tierra de la que él habla, sino para todos los lugares del mundo.

Permitidme pues que cite lo que un árabe cristiano que vivía en Israel le dijo a un judío guatemalteco en un café hace ya mucho tiempo:

“El hecho es que Tierra Santa no puede ser poseída. No pertenece a nadie. Rechaza toda reivindicación territorial basada en la Torá, el Nuevo Testamento o el Corán. No puede ser un estado palestino o un estado cristiano más de lo que puede ser un estado sionista. Estas rocas sólo son para aquéllos que aman Jerusalén sin el deseo de apoderarse de ella.”

Nada en este mundo nos pertenece, salvo el amor que creamos. Y, en realidad, ni siquiera éste: pues somos ese amor (o la falta de él), pero no es propiedad nuestra.


This is a recent picture of the area outside Holot Detention Centre (Negev desert, Israel), which I visited last June. Behind the asylum seekers gathered in it, it is possible to see a series of food stands that some of them managed to build during the long months of their useless and hopeless forced stay there.

A few days ago the authorities destroyed those food stands, which were -and I quote the March for Freedom Volunteers’ email on the matter- “the main outlet they had for some decent nutrition and ‘escape’ from the monotony and depression inside Holot”. In addition, the stands’ owners were arrested.

While I sleep, take a shower, work on this project, have lunch, read, watch a movie, write to someone dear to me, there are people losing their last reason for hope. As if it weren’t enough that they already lost their home, job, family, friends, land, language, health, integrity, freedom, dignity, love.

Whether they die or survive, there are people losing their lives right now, this very moment, all the time. Hundreds of thousands, millions of them. All over the planet, in Europe, in our countries, in this city, a couple of streets away.

I want to be conscious of it every single minute of the life I have the privilege to keep. And when I talk to someone, buy something, go for a walk, drink some coffee, I want to do it with love to honour this life. It is my obligation as a human being. So that their deaths, pain and losses are not in vain.


Ésta es una imagen reciente del exterior del Centro de Detención de Holot (desierto del Negev, Israel) que visité en junio pasado. Detrás de los demandantes de asilo allí reunidos, se ve una serie de puestos de comida que algunos de ellos lograron levantar durante los largos, estériles y desesperantes meses de estancia forzada en el centro.

Esta misma semana las autoridades destruyeron esos puestos, que eran -y cito el correo electrónico de March for Freedom Volunteers sobre el asunto- “la principal salida que tenían para conseguir comida decente y ‘escapar’ de la monotonía y depresión que se viven dentro de Holot”. Los dueños de los puestos fueron arrestados.

Mientras duermo, me doy una ducha, trabajo en este proyecto, como, leo, veo una película, escribo a alguien querido, hay personas que están perdiendo su último motivo para la esperanza. Como si no fuera suficiente con haber perdido ya su hogar, su empleo, su familia, sus amigos, su tierra, su idioma, su salud, su integridad, su libertad, su dignidad, su amor.

Mueran o sobrevivan, hay personas que están perdiendo su vida ahora mismo, en este instante, todo el tiempo. Cientos de miles, millones de ellas. En todo el planeta, en Europa, en nuestros países, en esta ciudad, a dos calles de aquí.

Quiero ser consciente de ello cada minuto de la vida que tengo el privilegio de conservar. Y cuando hable con alguien, compre algo, salga a dar un paseo, tome un café, quiero hacerlo con amor para honrar esta vida. Es mi obligación como ser humano. Para que sus muertes, sus pérdidas y su dolor no sean en vano.

Inside out

When I saw this tree today, I thought it was suffering and I was amazed at the beauty that can emerge from pain.

But I was wrong. I have checked several scientific sites and read: “Trees exude resin for many reasons, among them to combat disease, seal wounds and prevent attack by insects”, “Healthy trees exude resin, which usually kill shothole borers before much damage can be done”, “Stressed trees produce less resin and are more vulnerable”.

So, in fact, it was soundness and vigour that originated these glowing gems. How good to know!

Exhaustion, pain and fear can’t be denied, they need to be lived through. But it is from strength and contentment that we most easily and gracefully can give out what we carry inside. Pure drops of light, joy embedded in amber.

De adentro a fuera

Cuando vi este árbol hoy, pensé que estaba sufriendo y me sorprendió cuánta belleza puede aflorar del dolor.

Pero me equivocaba. En varias publicaciones científicas he podido leer después: “Los árboles exudan resina por muchas razones, entre ellas para combatir enfermedades, cerrar heridas y prevenir el ataque de insectos”, “Los árboles sanos exudan resina, que normalmente mata el barrenillo antes de que pueda producir gran daño”, “Los árboles enfermos producen menos resina y son más vulnerables”.

Así que, de hecho, fueron la salud y el vigor los que dieron lugar a este tesoro refulgente. ¡Qué bien me hace saberlo!

El agotamiento, el dolor y el miedo no pueden ser negados, hemos de atravesarlos. Pero es desde la fortaleza y el contento como más fácilmente y con mayor gracia podemos mostrar cuanto llevamos en nuestro interior. Puras gotas de luz, alegría engastada en ámbar.

Love we don’t do

The way I understand it, it’s all very simple: hatred, cruelty, violence, torture, killing, war are the direct result of fear and pain, which always, without exception, derive from a lack of love.

I find this picture on the newspaper and the first thing that crosses my mind after I stop shivering is the incredible vacuum of love generated by the experience of these hundreds of people floating in the Mediterranean Sea after the boat on which they tried to reach the coasts of Europe collapsed a couple of days ago.

I think of the love they never received as men and women capable of the best, eager to live, work, provide and enjoy, and that pushed them to run away or leave in search of it. I imagine the love that their children, partners, parents, siblings, friends won’t get from them and the hurting that this will cause. I picture the love of their dear ones, which they will be missing, and the grief that will take its place in their hearts. I envisage the love they won’t be able to give after the shock has frozen their bodies with fright and desperation. I recognize the love that we deny, them and us, we who set the rules and seal the borders and turn the newspaper page to forget all about it.

A whole universe of love lost with each single life drowned, uprooted or curtailed. Theirs and ours. Because peace, joy, beauty, wellbeing, abundance are hindered, endangered or destroyed for everyone with every sign of love we fail to make. It’s all very simple, it’s just our choice.

El amor que no creamos

Tal como yo lo entiendo, es todo muy simple: el odio, la crueldad, la violencia, la tortura, los asesinatos, la guerra son resultado directo del miedo y del dolor, que siempre, sin excepción, nacen de la falta de amor.

Encuentro esta fotografía en el periódico y lo primero que cruza mi mente cuando dejo de temblar es el increíble vacío de amor generado por la experiencia de estos cientos de personas flotando en el Mediterráneo después de que la barca en la que trataban de alcanzar las costas de Europa colapsara hace un par de días.

Pienso en el amor que nunca recibieron como hombres y mujeres capaces de lo mejor, deseosos de vivir, trabajar, proveer y disfrutar, y que los empujó a huir o a marcharse en su búsqueda. Imagino el amor que no podrán dar a sus hijos, parejas, padres, hermanos, amigos y el daño que esto provocará. Me figuro el amor que sus seres queridos no llegarán a regalarles y la desolación que lo sustituirá en sus corazones. Presiento el amor que no podrán ofrecer después de que el trauma haya congelado sus cuerpos a base de pánico y desesperación. Reconozco el amor que les estamos negando, a ellos y a nosotros mismos, quienes marcamos las reglas, sellamos las fronteras, pasamos la hoja del periódico para olvidarnos de todo.

Un universo entero de amor perdido con cada vida hundida, desarraigada o coartada. Suya y nuestra. Porque la paz, la alegría, la belleza, el bienestar, la abundancia son impedidos, amenazados o destruidos para todos con cada gesto de amor que dejamos de hacer. Es todo muy simple, nosotros elegimos.


This is where Lea sat on Saturday during our interview.

She welcomed us with cheerful words and the sweetest smile to her lovely little home, filled with the tokens of a lifetime of love. And when we were already under the spell of her gentleness and the camera was rolling, she surprised us with the unexpected.

Very calmly, without losing her tender expression, she presented to us the crudest and yet most obvious truth in every human story: that pain is never far from love and that it can be overwhelming, but that it is always for us to decide what we want to make of it.

When we finished, she wanted to treat us to coffee and cake. Unfortunately, we could not stay, but we carried the deep meaning of her sweetness and her mirth with us for the rest of the day and, I believe, forever.


Aquí es donde se sentó Lea el sábado durante nuestra entrevista.

Nos recibió en su encantadora casita, rebosante de imágenes de una vida llena de amor, con las palabras más amables y una sonrisa dulcísima. Y cuando ya habíamos caído bajo el hechizo de su gentileza y la cámara estaba filmando, nos sorprendió con lo inesperado.

Con gran serenidad, sin perder en ningún momento la ternura de su expresión, nos enfrentó a la verdad más cruda y a la vez más obvia de toda historia humana: que el dolor no se halla nunca lejos del amor y que puede ser arrasador, pero que siempre está en nuestras manos decidir lo que hacemos con él.

Al terminar, quiso invitarnos a café y a tarta. Por desgracia, no pudimos quedarnos, pero llevamos con nosotras el profundo significado de su dulzura y de su alegría durante el resto del día – y creo que para siempre.