The poet knows

In the past few months I have often thought about what is happening to those people who are everywhere manifesting themselves against peace, equality, solidarity.

I have been looking for the right words to express what I feel is behind it – to no avail. Until this afternoon I’ve come across the simplest and deepest account of it in these lines by Raymond Carver:

“This morning I woke up to rain
on the glass. And understood
that for a long time now
I’ve chosen the corrupt when
I had a choice. Or else,
simply, the merely easy.
Over the virtuous. Or the difficult.
This way of thinking happens
when I’ve been alone for days.
Like now. Hours spent
in my own dumb company.
Hours and hours
much like a little room.
With just a strip of carpet to walk on.”

The poem is called “Company”. It is exactly what I meant.


El poeta sabe

En los últimos meses he pensado a menudo en lo que le está ocurriendo a la gente que, por todas partes, se manifiesta en contra de la paz, la igualdad, la solidaridad.

He estado buscando las palabras adecuadas para expresar lo que siento que hay detrás de todo ello – sin éxito. Hasta que esta tarde me he tropezado con la descripción más sencilla y más profunda en estos versos de Raymond Carver:

“Esta mañana me despertó la lluvia
contra el cristal. Y comprendí
que llevo mucho tiempo
eligiendo lo corrupto cuando
tenía elección. O si no,
simplemente, lo más fácil.
En lugar de lo virtuoso. O de lo difícil.
Esta forma de pensar surge
cuando hace días que estoy solo.
Como ahora. Tiempo gastado
en mi única y obtusa compañía.
Horas y horas
muy parecidas a un cuarto pequeño.
Con sólo una alfombra estrecha sobre la que caminar.”

El poema se titula “Compañía”. Es exactamente lo que quería decir.

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Rekindling old words

Last week, while writing a brief note for Suheil’s forty-days memorial service, I came across some words he said on an interview held with author Victor Perera in 1973, which can be read on Perera’s book “The Cross and the Pear Tree”.

Those words have been on my mind since then. My first impulse was to share them on this blog, but then I got afraid they would be misinterpreted or would offend someone. Forty-three years and an incredible amount of pain have passed since they were pronounced. There are terms among them that have a different weight now, there is a political dimension to them that allows for a long, delicate and probably fruitless discussion.

But as far as this project is concerned, I feel that the bottom line of Suheil’s words remains as valid and true as it always was. And not only for the land he talks about, but for everywhere else in the world.

So let me quote what a Christian Arab who lived in Israel said to a Jewish Guatemalan at a café long ago:

“The fact is that the Holy Land cannot be owned. It does not belong to anybody. It rejects all territorial claims based on the Torah, the New Testament or the Koran. This can never be a Palestinian state or a Christian state any more than it can be a Zionist state. These rocks are only for those who can love Jerusalem without the desire to possess her.”

Nothing in this world is ours but the love that we do. And, in reality, not even this: for we are that love (or the lack of it), we don’t own it.


Reavivando viejas palabras

La semana pasada, mientras escribía una nota breve para el funeral de Suheil, encontré unas palabras suyas en una entrevista que le hizo el escritor Victor Perera en 1973 y que aparece reproducida en el libro de Perera “The Cross and the Pear Tree” (“La cruz y el peral”).

Desde entonces tengo esas palabras muy presentes. Mi primer impulso fue compartirlas en este blog, pero luego temí que pudieran ser malinterpretadas o que ofendieran a alguien. Han pasado cuarenta y tres años y una cantidad increíble de dolor desde que fueron pronunciadas. Entre ellas hay términos que ahora tienen un peso diferente. Poseen una dimensión política que daría fácilmente lugar a una larga, delicada y probablemente estéril discusión.

Pero en lo que concierne a este proyecto, siento que la conclusión a la que llega Suheil sigue siendo tan válida y cierta como siempre lo fue. Y no sólo para la tierra de la que él habla, sino para todos los lugares del mundo.

Permitidme pues que cite lo que un árabe cristiano que vivía en Israel le dijo a un judío guatemalteco en un café hace ya mucho tiempo:

“El hecho es que Tierra Santa no puede ser poseída. No pertenece a nadie. Rechaza toda reivindicación territorial basada en la Torá, el Nuevo Testamento o el Corán. No puede ser un estado palestino o un estado cristiano más de lo que puede ser un estado sionista. Estas rocas sólo son para aquéllos que aman Jerusalén sin el deseo de apoderarse de ella.”

Nada en este mundo nos pertenece, salvo el amor que creamos. Y, en realidad, ni siquiera éste: pues somos ese amor (o la falta de él), pero no es propiedad nuestra.

Change

There are people – luckily not many – who say: “Thank you, but no”. They have different and substantial reasons for preferring not to be interviewed.

There are other people who are willing to do it but are forced to cancel the encounter due to unforeseen motives.

Once a person agreed to the interview and then asked not to be recorded because she didn’t feel comfortable with the idea.

And still the miracle happens every time.

Other conversations are possible, other forms of sharing develop from the initial refusal. And suddenly we are enjoying the quietness of a beautiful garden together and it’s me who ends up answering the interminable questions of their shiny-eyed children.

Or what was meant to be a thirty-minutes interview becomes a three hours monologue, filled with extraordinary stories and inspiring reflections that remind me of the basic truths about the adventure of living.

However short the contact, however disparate from what we expected, it always generates a change. Because what has occurred, has occurred, and it might very well not have been so. And because what has occurred is indeed nothing but the prodigy of unconditional love in action.


Cambio

Hay personas – por suerte, muy pocas – que dicen: “Gracias, pero no”. Tienen distintas y sustanciales razones para preferir no ser entrevistadas.

Hay otras personas que están deseando hacerlo pero se ven obligadas a cancelar el encuentro por motivos imprevistos.

En una ocasión, una persona accedió a ser entrevistada y después pidió no ser grabada porque no se sentía cómoda con la idea.

Y aun así el milagro se produce cada vez.

Otras conversaciones son posibles, otras formas de compartir surgen a partir de la negativa inicial. Y de pronto estamos disfrutando juntos de la tranquilidad de un hermoso jardín y soy yo la que acabo respondiendo a las interminables preguntas de sus hijos de ojos clarísimos.

O lo que debería haber sido una entrevista de treinta minutos se convierte en un monólogo de tres horas repleto de historias extraordinarias y reflexiones inspiradoras que me recuerdan las verdades básicas acerca de la aventura de vivir.

Por muy breve que sea el contacto, por muy diferente que sea de lo esperado, siempre genera un cambio. Porque lo que ha ocurrido, ha ocurrido, y podría muy bien no haber sido así. Y porque lo que de hecho ha ocurrido no es ni más ni menos que el prodigio del amor incondicional en acción.

Encounters

Some of them will never be filmed. But they are happening, and they also belong to Love like we do.

People whom I have never met before, or only briefly, open the door of their houses to me. They invite me to come in, and sit down, and share with them a lovely breakfast or a tasty dinner, and tell them about myself, the project, my being in Israel.

And so I speak, and I listen. For they have so much to give, every one of them, without exception. Their vision and their understanding of things, their knowledge, expertise and work, their own personal stories, dreams, passions, uncertainties.

Sometimes, while I am looking in their eyes, feeling the heart of their words and their silences, I wish Yael and Naomi were near so we could record the miracle, the uniqueness of the moment, this sacred exchange.

It is just a fleeting wish, like the moment itself. Never mind. What truly matters, its enlarging imprint on love, remains forever.


Encuentros

Algunos nunca serán grabados. Pero están ocurriendo y también forman parte de Love like we do.

Personas a las que no conocía, o sólo brevemente, abren la puerta de sus casas para mí. Me invitan a entrar, a sentarme, a compartir con ellos un agradable desayuno o una sabrosa cena, y a que les cuente de mí, del proyecto, de mi estar en Israel.

Así que les hablo de ello, y les escucho. Porque tienen tanto que dar, todos ellos, sin excepción. Su visión y su comprensión de las cosas, sus conocimientos, su experiencia y su trabajo, sus propias historias, sueños, pasiones, incertidumbres.

A veces, mientras les miro a los ojos y siento el corazón de sus palabras y de sus silencios, desearía que Yael y Naomi estuvieran cerca para poder registrar el milagro, lo excepcional del momento, este sagrado intercambio.

Es un deseo fugaz, como lo es el momento en sí. Da igual. Lo que verdaderamente importa, su huella creciente sobre el amor, permanece siempre.