Concreteness

Twenty-four days in the north,
amazed at the unknown density of trees,
supple forests sleeping on hills the size of giant’s palms,
full stories stored in square silent houses scattered on green,
gardens bending their sturdy autumn fruits to the shore.

Twenty-four days in the north,
watching the tide bring afloat stranded vessels,
combing the waves for dry fallen leaves
blown by the mild wind against the horizon,
panting softly on the cold sand after every immersion.

At the end of twenty-four days
I return inland with a list made of lists.
The chart is readable now, the tasks are certain, everything has a name.
It’s a moment of clarity, a time to get my bearings
before inspiration gloriously ruffles all up again.


Concreción

Veinticuatro días en el norte,
deslumbrada por la insólita densidad de los árboles,
somnolientos bosques sobre colinas del tamaño de la palma de un gigante,
historias redondas almacenadas en silenciosas casas dispersas sobre el verde,
huertos inclinando sus robustos frutos de otoño hacia la costa.

Veinticuatro días en el norte,
observando cómo la marea devuelve a flote embarcaciones varadas,
peinando entre las olas las hojas secas
que el viento templado empujó hacia el horizonte,
jadeando levemente sobre la arena fría tras cada inmersión.

Al cabo de veinticuatro días
regreso tierra adentro con una lista hecha de listas.
El mapa es legible ahora, las tareas están claras, todo tiene su nombre.
Es un instante de lucidez, un paréntesis para tomar posiciones
antes de que la inspiración vuelva a alborotarlo todo magníficamente.

Advertisements

In good company

Sometimes, when I am in the midst of work, in this quiet northern region where I have come to put the material for the project in order, things get suddenly blurry.

The pieces don’t fit anymore, the words lack sense, the images seem hopelessly clumsy. I am weary, I lose direction. Too many hours inside the sea can definitely lead to bewilderment.

For a moment, I feel helpless: the work is too demanding or I am just not made for it.

But then I stop and breathe and think of my companions. All those brave women and men who are right now in their studios and workshops industriously opening a space for their hearts through their music, paintings, poems, dance, ideas, plays, sculptures, photographs, scripts, designs… They also stumble and lose patience and want to give up now and then, but most of the time they persevere. They do it because otherwise their hearts wouldn’t live and because what they bring in them is indeed for all of us.

I take comfort in knowing they are out there. And when I am particularly dismayed, I reach out to them. Soon their voices reply from afar, a message arrives, the phone rings. Going back to work afterwards feels like it truly is: a gift and an honour.


En buena compañía

A veces, cuando estoy en mitad del trabajo, en esta apacible región del norte adonde he venido a ordenar el material para el proyecto, todo se vuelve repentinamente borroso.

Las piezas ya no encajan, las palabras carecen de sentido, las imágenes resultan irremediablemente torpes. Estoy cansada, pierdo la orientación. Demasiadas horas bajo el mar pueden ciertamente causar aturdimiento.

Por un momento, me siento incapaz: el trabajo es demasiado exigente o quizás yo no estoy hecha para él.

Pero entonces me paro, respiro y pienso en mis compañeros. Todas esas mujeres y hombres valientes que están ahora mismo en sus talleres y estudios abriendo laboriosamente un espacio para su corazón a través de su música, sus pinturas, sus poemas, su danza, sus ideas, sus obras de teatro, sus esculturas, sus fotografías, sus guiones, sus diseños… Ellos también tropiezan y pierden la paciencia y quieren abandonar de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo perseveran. Lo hacen porque de otra manera sus corazones no podrían vivir y porque lo que traen en ellos es en realidad para todos.

Me reconforta saber que están ahí. Y cuando me siento especialmente abatida, los invoco. Enseguida sus voces comienzan a responder desde lejos, llega un mensaje, suena el teléfono. Después retomo el trabajo como lo que de verdad es: un honor y un regalo.

To create

Yet another morning I take my notebooks and my computer and I enter the sea.

I come close to the water’s edge and I linger a bit. No matter how calm and bright and inviting the sea may look, walking into it always makes me shiver: I know how deep it can get.

Some days I feel courageous and, after pondering it a few seconds, I simply dive into the next wave.

A couple of times the excitement was so great that I ran straight into the water, splashing all over and scaring all surrounding creatures away.

But most mornings I slowly let myself be cradled into it while blinking at the sky and the seagulls and the distant boats and ships, pretending not to notice, until suddenly I am fully submerged. And then I do what I learnt when, being a child, I trained myself to breathe under water: I relax my body and do nothing but look around with curiosity and amazement.

Soon the water doesn’t feel cold anymore and the growing darkness becomes a reign of wonder and there is no trace left of the fear of sea monsters and my lungs seem to be filled with continents of air. I sometimes swim, but mostly just float among the fish and the algae and rejoice for being immersed in beauty.

There are days that, when I finally rise back to the surface, I find new sentences scribbled on my notebooks or unexpected images on my computer screen or a tiny seahorse tangled up in my curls.


Para crear

Una mañana más cojo mis cuadernos y mi ordenador y entro en el mar.

Me acerco a la orilla y vacilo un poco. No importa lo en calma, transparente y tentador que parezca, antes de zambullirme en el mar siempre me estremezco: sé cuán hondo puede llegar a ser.

Algunos días me siento valiente y, después de considerarlo unos segundos, me lanzo de cabeza a la siguiente ola.

Un par de veces la emoción era tan grande que corrí directa hasta el agua, salpicando a diestro y siniestro y espantando a todas las criaturas que pudiera haber alrededor.

La mayoría de las mañanas simplemente me dejo acunar por él, mientras miro como distraída al cielo y a las gaviotas y a las barcas y buques distantes, simulando no darme cuenta, hasta que de pronto me encuentro sumergida por completo. Y entonces hago lo que aprendí cuando, siendo una niña, me entrené para poder respirar bajo el agua: relajo el cuerpo y me limito a observar en torno a mí con curiosidad y asombro.

Pronto dejo de sentir el frío del agua y la oscuridad creciente se convierte en un territorio mágico y no queda ni rastro del miedo a los monstruos marinos y mis pulmones parecen albergar continentes de oxígeno. A veces nado, pero la mayor parte del tiempo sólo floto entre las algas y los peces y gozo del placer de estar inmersa en belleza.

Hay días en los que, cuando finalmente emerjo de vuelta a la superficie, encuentro frases nuevas garabateadas en los cuadernos o imágenes inesperadas en la pantalla del ordenador o un diminuto hipocampo enredado entre mis rizos.

On the table

Journals, diaries, dozens of pages covered with blue cramped handwriting.

Datebooks filled with telephone numbers, email addresses, bus and train schedules, quotes and references, shopping lists.

Pictures and drawings, mostly unfinished. Underlined excerpts in books.

Calendars, photocopies, articles, maps, chronograms, notes.

Voice recordings to capture fleeting thoughts.

A series of ten beautiful interviews.

I better roll my sleeves up. It is time to work.


Sobre la mesa

Cuadernos, diarios, decenas de páginas cubiertas con prolija tinta azul.

Agendas llenas de números de teléfono, direcciones de correo, horarios de autobuses y trenes, citas y referencias, listas de la compra.

Imágenes y dibujos, la mayor parte sin terminar. Párrafos subrayados de libros por releer.

Calendarios, fotocopias, artículos, mapas, cronogramas, apuntes.

Grabaciones de voz para capturar pensamientos fugaces.

Una serie de diez hermosas entrevistas.

Mejor que me remangue. Es hora de trabajar.