Faith

I wish these words were music,
not just any music,
but the music this man listened to in his shattered bedroom
that very morning,
or maybe every morning while the next bombs lagged behind,
the music that swirled off his ancient record-player
(never mind if it actually played or was just on his mind)
filling the white-dusted air, scaling to the broken moulded ceiling,
flying out of the unframed windows to the ever-creeping labyrinth of streets,
flooding the silent sockets of less fortunate dwellings,
resonating in the sacred vacuum of Alepo.
I wish these words were music,
the music that he used to bring back all the roses,
his wife’s smell on the sheets,
the chattering of sparrows,
the shades of the acacias,
the squealing of the tram,
the calling of the prayer,
the full and glowing bodies of the living,
the blessing of a universe of souls.
Let me at least offer this poem
to honour his faith to reach for beauty through the nightmare,
to thank for the love that he knew how to do.


Fe

Ojalá estas palabras fueran música,
mas no una música cualquiera,
sino la que este hombre escuchó entre las ruinas de su dormitorio
esa misma mañana,
o quizás todas las mañanas mientras las próximas bombas se demoraban,
la música que brotó de su antiguo tocadiscos
(no importa que tocara en realidad o sólo en su recuerdo)
llenando el blanco aire polvoriento, elevándose hasta las quebradas molduras,
volcándose por las descabaladas ventanas hacia el creciente laberinto de calles,
inundando las cuencas silenciosas de hogares más aciagos,
resonando en el sagrado vacío de Alepo.
Ojalá estas palabras fueran música,
la música que él uso para traer de vuelta las rosas,
el olor de su mujer sobre las sábanas,
la cháchara de los gorriones,
la sombra de las acacias,
el chirrido del tranvía,
la llamada a la oración,
el redondo resplandor del cuerpo de los vivos,
la bendición de un universo de almas.
Dejadme que al menos ofrezca este poema
para honrar su fe en alcanzar la belleza en medio del infierno,
para dar gracias por el amor que él aún supo hacer.

The poet knows

In the past few months I have often thought about what is happening to those people who are everywhere manifesting themselves against peace, equality, solidarity.

I have been looking for the right words to express what I feel is behind it – to no avail. Until this afternoon I’ve come across the simplest and deepest account of it in these lines by Raymond Carver:

“This morning I woke up to rain
on the glass. And understood
that for a long time now
I’ve chosen the corrupt when
I had a choice. Or else,
simply, the merely easy.
Over the virtuous. Or the difficult.
This way of thinking happens
when I’ve been alone for days.
Like now. Hours spent
in my own dumb company.
Hours and hours
much like a little room.
With just a strip of carpet to walk on.”

The poem is called “Company”. It is exactly what I meant.


El poeta sabe

En los últimos meses he pensado a menudo en lo que le está ocurriendo a la gente que, por todas partes, se manifiesta en contra de la paz, la igualdad, la solidaridad.

He estado buscando las palabras adecuadas para expresar lo que siento que hay detrás de todo ello – sin éxito. Hasta que esta tarde me he tropezado con la descripción más sencilla y más profunda en estos versos de Raymond Carver:

“Esta mañana me despertó la lluvia
contra el cristal. Y comprendí
que llevo mucho tiempo
eligiendo lo corrupto cuando
tenía elección. O si no,
simplemente, lo más fácil.
En lugar de lo virtuoso. O de lo difícil.
Esta forma de pensar surge
cuando hace días que estoy solo.
Como ahora. Tiempo gastado
en mi única y obtusa compañía.
Horas y horas
muy parecidas a un cuarto pequeño.
Con sólo una alfombra estrecha sobre la que caminar.”

El poema se titula “Compañía”. Es exactamente lo que quería decir.

Nutrition

June is my land in time, my dearest season, the kindest of lights to my heart.

This is an odd June, however. The first in three that I spend far from Israel – my reason for wistfulness. A late spring is keeping me coughing and sneezing long out of date, draining my energy. And, then, there is the weariness of worrying about indispensable things, which barely leaves room for that sacred space so much yearned for.

I am not quite myself in my land this year. So I am bound to nurture both – and I do it with poetry. That of my teachers, which hangs on the stage like ripen fruit to be grabbed and savoured. That of my companions, which grows from notebooks and screens with delicious boldness. And, of course, that of the ones who know the source of all strength.

Just yesterday I read these lines on a letter by Emily Dickinson: “I found a bird, this morning, down – down – on a little bush at the foot of the garden, and wherefore sing, I said, since nobody hears? One sob in the throat, one flutter of my bosom – ‘My business is to sing’ – and away she rose. How do I know but cherubim, once, themselves, as patient, listened and applauded her unnoticed hymn?”.


Nutrición

Junio es mi tierra en el tiempo, mi estación más querida, la luz más amable para mi corazón.

Éste, no obstante, está siendo un Junio extraño. Es el primero de tres que paso lejos de Israel – mi razón para la nostalgia. La remisa primavera me tiene tosiendo y estornudando fuera de fecha y drena en vano mi energía. Y luego está la árida preocupación por cosas indispensables, que apenas deja lugar para ese espacio sagrado que tanto preciso.

No soy enteramente yo misma en mi tierra este año. De modo que estoy obligada a nutrirnos a ambas – y lo hago con poesía. La de mis maestros, que pende sobre los escenarios como fruta madura para tomar y saborear. La de mis compañeros que crece en cuadernos y pantallas con deliciosa audacia. Y, por supuesto, la de aquellos que conocen el origen de toda fortaleza.

Justo ayer leí estas líneas en una carta de Emily Dickinson: “Encontré un pájaro esta mañana – abajo – abajo – sobre un pequeño arbusto al pie del jardín, ¿y por qué cantas, dije, puesto que nadie oye? Un sollozo en la garganta, una palpitación en el pecho – “Mi tarea es cantar” – ¡y alzó el vuelo! ¿Cómo sé yo si los querubines, ellos mismos tan pacientes, no escucharon y aplaudieron su ignorado himno alguna vez?”.

Rekindling old words

Last week, while writing a brief note for Suheil’s forty-days memorial service, I came across some words he said on an interview held with author Victor Perera in 1973, which can be read on Perera’s book “The Cross and the Pear Tree”.

Those words have been on my mind since then. My first impulse was to share them on this blog, but then I got afraid they would be misinterpreted or would offend someone. Forty-three years and an incredible amount of pain have passed since they were pronounced. There are terms among them that have a different weight now, there is a political dimension to them that allows for a long, delicate and probably fruitless discussion.

But as far as this project is concerned, I feel that the bottom line of Suheil’s words remains as valid and true as it always was. And not only for the land he talks about, but for everywhere else in the world.

So let me quote what a Christian Arab who lived in Israel said to a Jewish Guatemalan at a café long ago:

“The fact is that the Holy Land cannot be owned. It does not belong to anybody. It rejects all territorial claims based on the Torah, the New Testament or the Koran. This can never be a Palestinian state or a Christian state any more than it can be a Zionist state. These rocks are only for those who can love Jerusalem without the desire to possess her.”

Nothing in this world is ours but the love that we do. And, in reality, not even this: for we are that love (or the lack of it), we don’t own it.


Reavivando viejas palabras

La semana pasada, mientras escribía una nota breve para el funeral de Suheil, encontré unas palabras suyas en una entrevista que le hizo el escritor Victor Perera en 1973 y que aparece reproducida en el libro de Perera “The Cross and the Pear Tree” (“La cruz y el peral”).

Desde entonces tengo esas palabras muy presentes. Mi primer impulso fue compartirlas en este blog, pero luego temí que pudieran ser malinterpretadas o que ofendieran a alguien. Han pasado cuarenta y tres años y una cantidad increíble de dolor desde que fueron pronunciadas. Entre ellas hay términos que ahora tienen un peso diferente. Poseen una dimensión política que daría fácilmente lugar a una larga, delicada y probablemente estéril discusión.

Pero en lo que concierne a este proyecto, siento que la conclusión a la que llega Suheil sigue siendo tan válida y cierta como siempre lo fue. Y no sólo para la tierra de la que él habla, sino para todos los lugares del mundo.

Permitidme pues que cite lo que un árabe cristiano que vivía en Israel le dijo a un judío guatemalteco en un café hace ya mucho tiempo:

“El hecho es que Tierra Santa no puede ser poseída. No pertenece a nadie. Rechaza toda reivindicación territorial basada en la Torá, el Nuevo Testamento o el Corán. No puede ser un estado palestino o un estado cristiano más de lo que puede ser un estado sionista. Estas rocas sólo son para aquéllos que aman Jerusalén sin el deseo de apoderarse de ella.”

Nada en este mundo nos pertenece, salvo el amor que creamos. Y, en realidad, ni siquiera éste: pues somos ese amor (o la falta de él), pero no es propiedad nuestra.

Conscience

This is a recent picture of the area outside Holot Detention Centre (Negev desert, Israel), which I visited last June. Behind the asylum seekers gathered in it, it is possible to see a series of food stands that some of them managed to build during the long months of their useless and hopeless forced stay there.

A few days ago the authorities destroyed those food stands, which were -and I quote the March for Freedom Volunteers’ email on the matter- “the main outlet they had for some decent nutrition and ‘escape’ from the monotony and depression inside Holot”. In addition, the stands’ owners were arrested.

While I sleep, take a shower, work on this project, have lunch, read, watch a movie, write to someone dear to me, there are people losing their last reason for hope. As if it weren’t enough that they already lost their home, job, family, friends, land, language, health, integrity, freedom, dignity, love.

Whether they die or survive, there are people losing their lives right now, this very moment, all the time. Hundreds of thousands, millions of them. All over the planet, in Europe, in our countries, in this city, a couple of streets away.

I want to be conscious of it every single minute of the life I have the privilege to keep. And when I talk to someone, buy something, go for a walk, drink some coffee, I want to do it with love to honour this life. It is my obligation as a human being. So that their deaths, pain and losses are not in vain.


Conciencia

Ésta es una imagen reciente del exterior del Centro de Detención de Holot (desierto del Negev, Israel) que visité en junio pasado. Detrás de los demandantes de asilo allí reunidos, se ve una serie de puestos de comida que algunos de ellos lograron levantar durante los largos, estériles y desesperantes meses de estancia forzada en el centro.

Esta misma semana las autoridades destruyeron esos puestos, que eran -y cito el correo electrónico de March for Freedom Volunteers sobre el asunto- “la principal salida que tenían para conseguir comida decente y ‘escapar’ de la monotonía y depresión que se viven dentro de Holot”. Los dueños de los puestos fueron arrestados.

Mientras duermo, me doy una ducha, trabajo en este proyecto, como, leo, veo una película, escribo a alguien querido, hay personas que están perdiendo su último motivo para la esperanza. Como si no fuera suficiente con haber perdido ya su hogar, su empleo, su familia, sus amigos, su tierra, su idioma, su salud, su integridad, su libertad, su dignidad, su amor.

Mueran o sobrevivan, hay personas que están perdiendo su vida ahora mismo, en este instante, todo el tiempo. Cientos de miles, millones de ellas. En todo el planeta, en Europa, en nuestros países, en esta ciudad, a dos calles de aquí.

Quiero ser consciente de ello cada minuto de la vida que tengo el privilegio de conservar. Y cuando hable con alguien, compre algo, salga a dar un paseo, tome un café, quiero hacerlo con amor para honrar esta vida. Es mi obligación como ser humano. Para que sus muertes, sus pérdidas y su dolor no sean en vano.

Peace

Not far to the east of where I live there is a several metres high concrete wall that isolates and estranges two entire populations from one another.

Also close, in the opposite direction, there is an old decaying prison surrounded by waves of barbed wire – another bigger, more modern facility can be seen on the right less than fifteen kilometres down the road.

In the neighbouring town, aged men and young pregnant mothers with toddlers holding at their skirts seat in otherwise empty yards around cheaply-constructed, neglected, only apparently derelict buildings.

At almost every bus stop, extremely young and blooming men and women dressed in uniforms and carrying heavy weapons wait, alone or in groups, to board the next bus and be taken to their destination and duties.

In the evening, along other bus routes, large groups of men return home to their remote villages after a long day’s work and still have the strength to joke around loudly in their own language.

Peace, for me, is embracing everything and everyone: the seen and the unseen, those on this side of the wall, the fence, the street, the order, the right and those on the other. Looking at them with acknowledgement, often bringing them to mind so as not to forget them, giving them a place in my heart, blessing their presence, being thankful for their existence, respecting their destinies whatever they may be.

As in the song by Estrella Morente: “in between the two forces…”. To create a broader and higher space where any parting is meaningless.

In these days of unravelled violence, more than ever.


Paz

No lejos de donde vivo, en dirección este, hay un muro de hormigón de varios metros de altura que aísla y aliena a dos poblaciones enteras.

También cerca, en dirección opuesta, hay una vieja cárcel ruinosa rodeada de olas de alambre de espino – otra, de mayor tamaño, más moderna, puede verse a la derecha a menos de quince kilómetros por esa misma carretera.

En la ciudad vecina, hombres envejecidos y jóvenes madres embarazadas con niños pequeños agarrados a sus faldas se sientan en patios solitarios en medio de edificios de construcción barata, decrépitos, sólo aparentemente abandonados.

Casi en cada parada de autobús, hombres y mujeres extremadamente jóvenes y rebosantes de salud, vestidos de uniforme y cargados con pesadas armas, esperan solos o en grupo a ser trasladados de vuelta a sus bases y a sus obligaciones.

A última hora de la tarde, en autobuses que siguen otras rutas, nutridos grupos de hombres regresan a sus hogares en pueblos distantes después de una larga jornada de trabajo y aún tienen fuerzas para bromear ruidosamente en su propio idioma.

La paz, para mí, es abrazarlo todo y a todos: lo que se ve y lo que no se ve, a aquéllos que están a este lado del muro, de la alambrada, de la calle, de la orden, del derecho y a aquéllos que están al otro lado. Mirarlos con reconocimiento, tenerlos en mente a menudo para no olvidarlos, darles un lugar en mi corazón, bendecir su presencia, dar gracias por su existencia, respetar sus destinos sean cuales sean.

Como en la canción de Estrella Morente: “en medio de las dos fuerzas…”. Para crear un espacio mayor, más elevado, donde cualquier separación y división carecen de sentido.

En estos días de violencia desatada, más que nunca.

Responsibility

A friend told me, not long ago, that salvation for humanity will only come through suffering, that only facing extreme distress and pain we will be able to react in order to outlive ourselves.

These words hurt me like a blow on the chest, like a knife in the belly.

In my understanding, suffering is an eternal source of suffering. Choosing it as a means for salvation is the most anti-human decision, a way of perpetuating all kind of hopelessness, violence and slavery.

Crimes are committed, massacres happen, exodus are unleashed, wars break out every time we think scornfully of ourselves, we mistreat or take those who are close to us for granted, we act mercilessly against those we are not attached to, we fail to respect those we have never met.

Suffering always begins with a forsaken heart, a heart that has been misplaced, lost contact with, despaired of, betrayed. Heart-less or closed-hearted, we are responsible for all tyrannies and catastrophes.

It is therefore up to our hearts. To our capacity to live up to our true feelings and needs. To our courage to choose love as a means for life – not just survival. And to practice it daily, stubbornly, through every single one of our words and gestures.

In the name of everyone, also of those – especially of those – who choose suffering for themselves, for all of us. They need it the most.


Responsabilidad

Un amigo me dijo hace poco que la humanidad podrá salvarse únicamente a través del sufrimiento, que sólo enfrentados al peligro y el dolor extremos seremos capaces de reaccionar para tratar de sobrevivir.

Estas palabras me dolieron como un golpe en el pecho, como un cuchillo en el vientre.

Tal como yo lo entiendo, el sufrimiento es una fuente eterna de sufrimiento. Elegirlo como medio para la salvación es la decisión más contraria a lo humano, un modo de perpetuar toda forma de desesperanza, violencia y esclavitud.

Cometemos crímenes, provocamos masacres, desatamos éxodos, iniciamos guerras cada vez que pensamos en nosotros mismos con desprecio, cada vez que maltratamos o subestimamos a alguien cercano, o actuamos sin compasión contra personas a quienes no estamos vinculados, o faltamos el respeto a quienes no conocemos.

El sufrimiento comienza siempre con un corazón abandonado, extraviado, traicionado, un corazón con el que se ha perdido el contacto, del que se ha terminado por desesperar. Sin corazón o con el corazón cerrado, nos convertimos en responsables de todas las tiranías y catástrofes.

Depende pues de nuestro corazón. De nuestra capacidad para vivir a la altura de nuestros verdaderos sentimientos y necesidades. De nuestra valentía para elegir el amor como medio para la vida – no sólo para la supervivencia. Y para practicarlo, día a día, obstinadamente, con cada una de nuestras palabras y nuestros gestos.

En nombre de todos, también de aquéllos – especialmente de aquéllos – que eligen el sufrimiento para ellos mismos, para toda la humanidad. Ellos son quienes más lo necesitan.